“Intento de escapada” de Miguel Ángel Hernández: huir es imposible

Intento de escapada de Miguel Ángel Hernández

Hacía tiempo que una novela no me cautivaba tanto. No suelo derrochar elogios en mis críticas si no estoy absolutamente convencido de lo que pienso y opino. Soy absolutamente libre en mis opiniones porque no tengo peajes que pagar. A ningún grupo mediático, a ninguna editorial. Dentro del grupo de nuevos narradores españoles, la propuesta de Miguel Ángel Hernández me ha parecido de las más sólidas. Se trata de una primera novela publicada en un sello independiente de calidad con una personalidad muy arraigada y una larga trayectoria que no hace falta glosar aquí: Anagrama. Intento de escapada fue presentada al último Premio Herralde de Novela. No ganó, ni fue finalista, pero el jurado recomendó su publicación. Sin desmerecer a las otras dos obras de Juan Francisco Ferré y Sara Mesa, ganador y finalista respectivamente, la novela de Hernández también hubiera merecido el premio, incluso aunque tenga algunas pequeñas lagunas que, en mi opinión, el autor mismo detecta, o anticipa de algún modo, y describe en el epílogo, aunque teniendo en cuenta los giros de la trama de esta novela, también pueden tomarse como una de las bromas y guiños del autor y quizás esté yo metiendo la pata impunemente.

Es, creo que objetivamente, muy difícil juzgar obras de arte y decidir la prioridad o precedencia de una obra sobre otra. ¿Quién puede afirmar la superioridad absoluta o relativa de Shakespeare sobre Tolstoi? ¿Quién la prioridad de Borges sobre Rulfo, de Proust sobre Joyce? No podemos, hay demasiadas variables no comparables, demasiadas preferencias del gusto no gobernables. Me desvío ligeramente de lo que realmente quería destacar: la novela de Miguel Ángel Hernández es una de las que más me han interpelado personalmente durante este año de 2013. Si no puedo afirmar su precedencia estética sobre otras también buenas que he leído, sí puedo afirmar que a nivel subjetivo su lectura ha tocado fibras muy delicadas de mi sensibilidad literaria. Ha tratado temas que me interesan desde hace mucho tiempo y, por lo tanto, me ha hablado de manera certera e íntima. Y al hacerlo bien, con el tono y la intensidad adecuados, con una estructura y un lenguaje apropiados, me ha dejado una marca indeleble.

Intento de escapada, página 38

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Por qué? Probablemente, por el modo como Miguel Ángel Hernández reúne y combina los temas del arte contemporáneo “comprometido” y la inmigración y sus consecuencias sociales globales. Aunque el tema de la inmigración me lleva ocupando desde hace años y yo mismo estoy escribiendo sobre él, nunca podría haber escrito una novela desde la perspectiva que lo hace MAH. Sencillamente, porque no soy profesor de Arte Contemporáneo. Está claro que la experiencia académica y docente de MAH le ha proporcionado un escenario que domina para tratar el tema de la inmigración. Mi perspectiva de aproximación es completamente diferente, pero tiene un punto de encuentro sorprendente en el epicentro de la temática. Quizás sea esta coincidencia central que se consigue desde puntos de partida bastante diferentes lo que más me sorprendió y despertó mi interés por leer el libro. Otra coincidencia más de puntos de vista es el acercamiento ético y globalizador al problema de la inmigración.

Intento de escapada, página 203

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[ATENCIÓN: los siguientes párrafos contienen algunos spoilers] A pesar de las apariencias, de la omnipresencia del narrador en primera persona y protagonista Marcos y de los personajes de la profesora Helena y el artista Jacobo Montes, en mi opinión la presencia alrededor de la que gravita toda la novela es la figura de Omar, el inmigrante que se convierte en la obra de arte del artista comprometido Montes. MAH nos proporciona durante la novela bastantes motivos para pensar que el destino de Omar ha sido el más terrible, incluso que ha sido asesinado o sutilmente eliminado (pág. 38: “¿Quién es el culpable de la muerte del animal, el artista o el espectador?”), pero que el o los culpables de esa “desaparición” son muchos, que quizás seamos todos. En congruencia con las teorías de la fuga, la huida o la invisibilidad en el arte contemporáneo, la no presencia de Omar, su desaparición final sin que nunca llegue a resolverse el enigma de su ocultación, posee una lógica aplastante. La figura del inmigrante es la más prescindible de todas, la más frágil y abocada a desaparecer de todos los personajes del libro. Como se dice en un pasaje del texto (pag. 203), un inmigrante ilegal no es nadie: al no tener papeles, no existe siquiera para la policía española en caso de que fuera asesinado o “desapareciera”. El artista “mago” Jacobo Montes puede escamotearlo ante nuestras narices, en una instalación artística sin que nadie vaya a hacer nada por impedirlo. El halo sagrado de la obra de arte, una cuestión lateral de la temática que MAH también toca brevemente en la novela, impide que nadie se atreva a rasgar el velo de la obra para mirar por detrás, para establecer lo que se quiere ocultar de la violencia del arte sobre la vida. Desvelar lo que se vela, revelar lo que hace que el artista siempre se encuentre en ventaja con respecto a la vida. Pero la figura de Omar, una vida humana, desaparece a mitad de la novela y el lector nunca sabrá cuál fue su destino. Se nos dirá que su final es el mismo de todos: es decir, la muerte, pues la muerte es el destino final de todos y, como dice Montes: “Espero que todos muramos pronto y dejemos ya de ensuciar el mundo” (pág. 62), o “Pronto estaremos todos muertos y dejaremos de ensuciar el mundo” (pág. 223).

Intento de escapada, página 223

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es una constatación cierta, dura, acerada, gélida, como muchas de las afirmaciones finales de la novela, que arrojan una mirada impía sobre la vida, pero no deja de ser una afirmación ventajista, porque mientras Omar parece haber sucumbido a su “intento de escapada”, los demás habitantes del primer mundo, por lo menos, seguimos viviendo y medrando, como Jacobo Montes, que llega a vender sus obras por muchos miles de dólares y a exponerlas en los más importantes museos del planeta. O como Helena Román y Marcos, que en una boutade final (la nota que cierra el libro en la pág. 239) vuelven a aparecer unidos en el Centro Georges Pompidou de París: Helena como conservadora del museo, y Marcos como finalmente participante en la exposición de Jacobo Montes en el museo mediante la escritura de su libro. Aquello que se negaba explícitamente en el epílogo, se afirma paradójicamente a continuación: (I would prefer not to en referencia directa a Vila-Matas y, por supuesto, al Bartleby de Herman Melville, frase de todos modos ambigua ya que alude a lo que se preferiría hacer (en positivo o en negativo), pero que como demuestra la nota posterior, quizás no se pueda o no se quiera hacer, debido a las consecuencias que implicaría para el autor que quiere medrar).

Intento de escapada, página 239

He entrado bastante profundamente en algunos de los significados de esta novela, pero Intento de escapada no se agota en absoluto en este nivel de interpretación. En mi opinión, esta es la señal de que se trata de una excelente novela, ya que existen varias otras temáticas y ramificaciones que permiten diferentes lecturas e interpretaciones: la descripción del paso de la postadolescencia o primera juventud a la edad adulta; el tema del sexo, el amor y la violencia; la ausencia de sentido general de la vida y de la muerte; la cuestión de la intertextualidad y las referencias metaliterarias, teóricas o metacinematográficas que están omnipresentes en toda la novela. El texto de MAH actúa en ese sentido como un pozo de una sensibilidad exacerbada y, como señala Ricardo Menéndez Salmón, otro de mis autores contemporáneos favoritos, ofrece “ecos narrativos -Blanchot, Beckett, Bernhard- de primerísimo orden.” Baste por ahora con estas breves notas para ofrecer un primer atisbo de un texto que merece que prosigamos un diálogo más profundo con él, cuya segunda o tercera lectura permitirá descubrir aspectos a los que solo he aludido brevemente. Intento de escapada de MAH merece, paradójicamente, que permanezcamos con el texto el tiempo necesario para destilarlo mejor, que no escapemos ni huyamos mientras seguimos evitando la muerte.